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Pareja discutiendo. Imagen: Timur Weber

Violencia de género juvenil en cifras

Según el INE, en 2022 se registraron 5.019 víctimas menores de 25, así como 3.138 denuncias a agresores, que en su mayoría fueron exnovios o exparejas de hecho de la víctima.

Almudena tenía 17 años cuando estuvo en una relación abusiva.

 

“Era mi primera relación seria y duró un año y medio, él era mayor (22). Los primeros meses fueron maravillosos, era mi confidente y la primera persona que se enteraba si me pasaba algo, confiaba en 

él y su opinión. 

 

Mi primera señal de alarma de que nuestra relación no era sana fue una tarde de agosto que salí con mi amiga. Cuando volví a casa a la una y media, avisé a mi pareja, pero no me contestó. Fue la primera vez en cuatro meses que no me daba las buenas noches. No me alarmé, pensé que estaría sin batería, cansado… 

 

Al día siguiente habíamos quedado, pero seguía sin contestarme y me pareció raro. Cuando vino a recogerme, su actitud era distinta. No me hablaba y estaba haciendo el ambiente muy incómodo. Cuando le pregunté qué le pasaba, respondió “tú sabrás”. Yo entonces pensaba que no aguantaba ni una y que sabía que era por lo de la noche anterior, así que me fui.

 

Al día siguiente, él se presentaba a unos exámenes. Cuando terminó me llamó por teléfono y me dijo “que sepas que por tu culpa los exámenes me han salido mal porque he estado toda la noche pensando en ti. Creo que lo más justo es que me pidas perdón”. Fue la primera vez que me disculpé por algo que no había hecho, pero desde entonces fueron muchísimas.”

Evolución de la violencia juvenil

A finales de 2021, varios medios de comunicación se hicieron eco de un aumento en la violencia de género entre los más jóvenes. Según el INE, se registraron 3.025 denuncias a menores de 25 años, lo que supuso un 7 por ciento más que el año anterior, frente al 3 % que había aumentado la media total. Igual ocurrió con las 3.141 víctimas, un 8 % más que el año anterior, frente al aumento del 3 % en toda la población. 

 

Esto dejaba una pregunta para el futuro. ¿Eran los jóvenes más machistas?

 

Observando las cifras de los últimos 10 años, las víctimas hasta 24 años han ido aumentando de forma continuada entre 2014 y 2022, excepto por una interrupción en 2020, que coincide con el año del confinamiento debido a la Covid-19. Pero, tras ese parón, es el grupo que más aumentó y en 2021 y 2022 han recuperado y superado las cifras prepandemia. 

 

Mientras, el total de víctimas en España durante la década ha seguido la misma tendencia de crecimiento y decrecimiento, salvo que el último gran aumento de víctimas se dio en 2022 en lugar de en 2021.

Incluso si este incremento ha sido puntual y se ha estabilizado respecto a otros grupos de edad, en la última década los jóvenes han supuesto entre un 15 y un 17 % de todas las víctimas españolas. Y en torno a un 10 % de todas las denuncias por violencia de género. 

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Según los últimos datos, correspondientes a 2022, en todo el año se registraron 5.019 víctimas menores de 25 años que han necesitado medidas de protección, así como 3.138 denuncias a agresores jóvenes. En su mayoría, la relación entre las víctimas y los agresores eran de exnovios (30,57 %), exparejas de hecho (22,89 %) o novios (21,13 %). También reconocieron cuatro víctimas mortales menores de 21 años.

Según explica Sara Fernández, psicóloga que trabaja en atención a víctimas, es difícil determinar la causa de este aumento. La violencia de género siempre es multifactorial, pero una de sus principales razones es la dinámica de poder-sumisión que se da en las relaciones de pareja que arrastramos desde el pasado.

 

En las parejas jóvenes se trata del "mismo problema disfrazado con nuevos ropajes". 

 

Sara indica que cada caso es distinto y no se puede generalizar, sin embargo, destaca algunos elementos que ha podido ver en parejas jóvenes. En primer lugar, su situación familiar es diferente a la de otras mujeres, En muchos casos, las chicas aún conviven con su familia, y esta puede involucrarse e intentar ayudarla.

 

Otro rasgo que comenta es el control intensivo que el agresor hace del móvil mediante la localización por GPS y las redes sociales, derivado del uso diario de estas tecnologías.

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También siguen operando los "mitos del amor romántico", es decir, idealizar las relaciones de pareja o pensar que por amor se puede hacer todo sin tener en cuenta que existen unos límites. "Ver como normal que tu pareja te controle el móvil, que le tengas que dar la ubicación, que te aísle de tus amistades, tus compañeras y la gente de tu entorno y tu familia". 

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Por último, menciona las manifestaciones culturales machistas con las que convivimos. Independientemente de la edad, se mantiene el patrón de poder-sumisión y la violencia simbólica y estructural. "Hay determinados valores, comentarios, signos, imágenes… Al final, lo que se perpetúa es que la mujer está en una posición inferior al hombre y lo transmitimos culturalmente desde hace muchos años" añade.

"Empezó a meterse con las cosas que me gustaban: si me gustaba el reguetón, es que no entendía de música; si me gustaba el fútbol, era poco original. Él decía que era lo normal, que todas las parejas se pelean. 

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Yo no sabía entonces cómo era el amor o las pautas de una relación normal y entré en una con mucha violencia. Cada vez que se enfadaba pegaba puñetazos a las paredes, tiraba cosas al suelo… Igual en privado que en la calle. Luego había mucha violencia ambiental y sexual, que fue por lo que necesité más terapia. Si algo se le caía, se enfadaba y golpeaba otras cosas. Me obligaba a hacer cosas que no quería, como si fuese una norma.

 

Me empezó a dar miedo decirle que iba a ir a hacer algo, pensando que se iba a enfadar conmigo. Dejé de salir con mis amigas y de hacer cosas que me gustaban.

 

Él al ser mayor se sentía un hombre protector que venía a salvarme, un padre en lugar de un novio, y me echaba en cara ser muy inmadura. Y yo por intentar encajar hacía y decía cosas que no pensaba."

Formas de abuso

Durante 2022, 3.894 agresores jóvenes recibieron una sentencia condenatoria por violencia de género. Los delitos más habituales fueron lesiones, quebrantamientos de condena y amenazas. 

La Macroencuesta de Violencia de Género elaborada por el Ministerio de Igualdad en 2019, señaló otras diferencias entre los delitos respecto a la edad.

 

El 19 % de las jóvenes que han tenido pareja han sufrido violencia física o sexual, y el 46 %, psicológica. Tienen una mayor prevalencia en las formas relacionadas con los celos y el control, como querer saber cuándo habla con otro hombre o con otra mujer o preguntar dónde está en cada momento. Fuera de la pareja, son también más numerosos los casos de violencia sexual, acoso sexual y stalking

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Por su parte, los hombres menores de 21 años son los más tolerantes con conductas como insultos, amenazas o incluso golpes, según otro estudio de la Fundación Mutua Madrileña. Por ejemplo, uno de cada cuatro no consideró como violencia controlar el móvil de su pareja.

"Yo salí de esa situación porque mi pareja se mudó a otra ciudad y le dije que quería dejarlo. Él medio aceptó, pero me seguía llamando. Un día se presentó en mi casa mientras yo estaba en el centro comercial con unas amigas y mi madre le dijo dónde estaba. Cuando llegó, me llamó. Le cogí el teléfono y me dijo: “¿dónde coño estás, que no te estoy viendo?” Pensé que me llevaría con él y no volvería a mi ciudad en toda mi vida. Entonces se lo conté a mis amigas, llamé a mi madre para que viniera a por mí y le conté todo.

 

Fue el antes y el después. Él no paró, venía a mi pueblo y dejaba el coche en mi puerta hasta que salía, preguntaba por mí y me intentaba controlar. Hizo falta amenazarlo con una denuncia para que no volviera. En el momento no denuncié porque pensé que me faltaban pruebas y no quise pasar por el proceso. Me sentí sola durante la relación, pero muy arropada al salir. Tuve suerte de que mis amigas siguieron conmigo aunque las rechazaba y las mentí. Me lo pusieron muy fácil."

Denuncias

Por otro lado, las jóvenes también están más dispuestas a declarar o contar lo sucedido. El 89 % de las que han sufrido violencia sexual lo han denunciado de manera formal o ha hablado sobre ello con personas de su entorno, especialmente con amigas o amigos.

 

Según la Fundación Mutua Madrileña la mitad de los jóvenes hasta 21 años conocen al menos un caso cercano. Consideran que quienes no denuncian lo hacen por miedo al agresor (74 %) o por los hijos (40 %). Son, además, los que más creen que se callan por haberlo normalizado en su vida (38 %). Asimismo, indican que su reacción sería llamar a la policía (56 %) o pedir ayuda a su entorno (25 %).

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Así, contándoselo a su familia, Almudena consiguió el apoyo de su entorno y no volvió a encontrarse con su agresor, como hicieron muchas otras. Esta es una de las formas en las que han conseguido recuperar sus vidas.

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